Destrozar, me gusta destrozar todo.
Destrozar papeles mientras hablo, destrozar la hierba en ella sentado.
Destrozar la idea que tienen de mí actuando completamente diferente, destrozar las ideas que tengo del día a día improvisando los planes.
Destrozar mis sueños haciéndolos realidad, o tirándolos a la basura.
Destrozar los monstruos que atormentan a los demás, invitándolos a pasar en mis noches por mi cabeza.
Destrozar mi reputación con tal de no dañar a otra persona.
Destrozar mi fe en mí mismo al saber que hago el idiota en ocasiones por no seguir mis ideales con tal de conseguir salvar a alguien.
Destrozarme por dentro al tener que dañar para curar. Al saber que es más fácil hacer que te olviden por gilipollas que por alguien que intentó y no pudo.
Destrozar cada carta que escribo por saber que no tendrá receptor.
Destrozar las plumas que no me hacen escribir más que de lo que ya tengo roto, de lo que no puedo hacer y de lo que perdí...
Destrocé varios recuerdos, y ahora me veo incapaz de reconstruir unos nuevos.
Destrocé mi sonrisa por camuflar el dolor, y las cicatrices llegaron más adentro de lo previsto.
Acabé destrozando todo lo que tengo, todo lo que hago... por no saber dedicar un momento de mi vida a lo que nunca podría destrozar...
Pensé que destrozando todo lo que rodeaba, evitaría cualquier peligro para conseguir que se mantuviera vivo, que se mantuviera feliz, que se mantuviera lúcido aquello mismo que por no dedicarle tiempo, acabó destrozado.
Me destrocé, para acabar siendo destrozado por el vacío.
Espacio repleto de reflexiones, relatos, historias, opiniones...
Textos llenos de pensamientos intensos, de palabras de aliento.
O simplemente opiniones que se retienen en el interior, causando dudas...
A este lugar se le bautizará como el jardín de las opiniones, donde crecen ideas, e incluso se podrán plantar en él sentimientos, que quizás, algún día den su fruto..."
Éste soy yo, éste es mi ser.
2016-08-02
2016-06-08
Seguramente no recuerdes nada
Harto de las mil vueltas que dan mis palabras alrededor de tu nombre, bailando entre tus vocales y nombrando las consonantes.
Cansado de pensar que volvería a encontrarte, en la misma parada de siempre esperando mi llegada.
Se fue, simplemente, ese pasado marchó.
Se fueron las tardes bailando el recital de aquel coro de los niños que éramos cuando juntos disfrutábamos del juego de aguantar serios, consiguiendo la sonrisa ajena entre cosquillas terminadas en abrazos.
El cielo que bajaba a tus caderas mientras besaba tus labios abrazado entre tus piernas, haciendo sudar la tensión. Cuando el viento no tenía valor de entrar en nuestra habitación y se sentía ruborizado del reflejo de tu mirada perdida, en el infinito de ese techo que nos miraba envidioso.
El sexo que se escondía el el rojizo de tus mejillas y el mayor placer era simplemente verte sonreír.
Aquella mínima distancia entre nuestros cuerpos ahora es infinita, entre muros de historias perdidas y conversaciones con monosílabos. Las tardes dedicadas a conocerte, a saber de ti, terminaron siendo un inútil intento de reconocer la verdadera belleza ahora desconocida en una persona que al cruzarse, no logra reconocer los ojos que recorrieron su cuerpo, haciéndola eterna...
Llegaste a ser la musa que inspiró unas líneas hoy perdidas en paredes, clavadas en un difuso recuerdo.
Pienso en pedir perdón por no saber saborear aquel último beso, pensando que sería la continuación de otro capítulo en la vida que compartían dos vidas que pensaban hacer de la noche el amanecer del sol calentando una pasión dentro de una habitación, entre velas que alumbraban cada curva de tu cuerpo.
Seguramente ahora estés diciendo al oído de un nuevo compañero aquellas palabras que me recitabas, pienso en el mismo momento en el que una foto me pregunta por ti. Seguramente ahora arriesgas tus tardes en pos de otros, cuando por mi parte el mayor sacrificio fue quererte.
Seguramente no recuerdes nada de lo que te recité con el corazón entre manos, seguramente no pienses en la continuación de la historia. Pero aquí me encuentro, rompiendo la página en la que apareces, queriendo superar un pasado, mientras la doblo y la guardo en el bolsillo de la camisa, junto al corazón que marchó.
Porque mientras no estés, mientras no vuelvas... mi persona seguirá ausente.
Cansado de pensar que volvería a encontrarte, en la misma parada de siempre esperando mi llegada.
Se fue, simplemente, ese pasado marchó.
Se fueron las tardes bailando el recital de aquel coro de los niños que éramos cuando juntos disfrutábamos del juego de aguantar serios, consiguiendo la sonrisa ajena entre cosquillas terminadas en abrazos.
El cielo que bajaba a tus caderas mientras besaba tus labios abrazado entre tus piernas, haciendo sudar la tensión. Cuando el viento no tenía valor de entrar en nuestra habitación y se sentía ruborizado del reflejo de tu mirada perdida, en el infinito de ese techo que nos miraba envidioso.
El sexo que se escondía el el rojizo de tus mejillas y el mayor placer era simplemente verte sonreír.
Aquella mínima distancia entre nuestros cuerpos ahora es infinita, entre muros de historias perdidas y conversaciones con monosílabos. Las tardes dedicadas a conocerte, a saber de ti, terminaron siendo un inútil intento de reconocer la verdadera belleza ahora desconocida en una persona que al cruzarse, no logra reconocer los ojos que recorrieron su cuerpo, haciéndola eterna...
Llegaste a ser la musa que inspiró unas líneas hoy perdidas en paredes, clavadas en un difuso recuerdo.
Pienso en pedir perdón por no saber saborear aquel último beso, pensando que sería la continuación de otro capítulo en la vida que compartían dos vidas que pensaban hacer de la noche el amanecer del sol calentando una pasión dentro de una habitación, entre velas que alumbraban cada curva de tu cuerpo.
Seguramente ahora estés diciendo al oído de un nuevo compañero aquellas palabras que me recitabas, pienso en el mismo momento en el que una foto me pregunta por ti. Seguramente ahora arriesgas tus tardes en pos de otros, cuando por mi parte el mayor sacrificio fue quererte.
Seguramente no recuerdes nada de lo que te recité con el corazón entre manos, seguramente no pienses en la continuación de la historia. Pero aquí me encuentro, rompiendo la página en la que apareces, queriendo superar un pasado, mientras la doblo y la guardo en el bolsillo de la camisa, junto al corazón que marchó.
Porque mientras no estés, mientras no vuelvas... mi persona seguirá ausente.
2016-04-29
Sus ojos color calma
"Era una mirada directa, era una fuerza muy dulce, era la muestra de la calma entre el fuego.
La pasión entre suspiros, la manera hacerte sentir relajado con un solo parpadeo.
Ojos que miran más allá de una imagen, encuentran donde otros no ven, ven lo que otros no perciben. Transmiten lo que pocas palabras expresan.
Sonrisas, abrazos, reflexiones... ¿qué sentido tiene el camino si no se comparte?
No es el qué se dirá, es el cómo. Nadie quiere abrir tus heridas, nadie quiere herir donde te duele, en cambio existe quien posee el valor de abrir esa cicatriz para conseguir curarla de raíz. Pocas palabras te saben destrozar, para construirte más fuerte. Pocas manos son capaces de calmar un furioso océano como las correctas, pocas compañías son capaces de aportarte la fuerza suficiente para combatir cualquier adversidad.
Porque en ocasiones, comunicaba un silencio lo que debería la voz.
Porque me llego a decir más un cerrar de ojos que su propia mirada.
El sexo en las sonrisas, el placer del susurro, la satisfacción del silencio.
Y mirando al mismo punto compartimos sueños despiertos, y cerrando los ojos volamos hacia el mismo cielo, compartimos inspiración entre versos y melodías.
Comenzó a significar más la canción sin mí, con sus ojos en cada estrofa y su sonrisa protagonizando el estribillo. Me permití bailar entre los silencios de las notas de su garganta, aquellas que hacían mecer las ramas de los árboles, hacían florecer las rosas mientras el aroma hacía de su imagen una diosa.
Quise incluir los acordes de mis caídas en sus alzares, quise añadir melodías de decepciones y tristeza en sus perfectos gestos de ilusión, pues incluyéndole en las letras todo cambiaba e iluminaba el final de cada tema.
Simplemente, me inspiró su silencio, su ausencia, la falta de sus palabras, el interminable momento de esperar el siguiente abrazo... Me inspiró su mirar, cuando no era presente."
La pasión entre suspiros, la manera hacerte sentir relajado con un solo parpadeo.
Ojos que miran más allá de una imagen, encuentran donde otros no ven, ven lo que otros no perciben. Transmiten lo que pocas palabras expresan.
Sonrisas, abrazos, reflexiones... ¿qué sentido tiene el camino si no se comparte?
No es el qué se dirá, es el cómo. Nadie quiere abrir tus heridas, nadie quiere herir donde te duele, en cambio existe quien posee el valor de abrir esa cicatriz para conseguir curarla de raíz. Pocas palabras te saben destrozar, para construirte más fuerte. Pocas manos son capaces de calmar un furioso océano como las correctas, pocas compañías son capaces de aportarte la fuerza suficiente para combatir cualquier adversidad.
Porque en ocasiones, comunicaba un silencio lo que debería la voz.
Porque me llego a decir más un cerrar de ojos que su propia mirada.
El sexo en las sonrisas, el placer del susurro, la satisfacción del silencio.
Y mirando al mismo punto compartimos sueños despiertos, y cerrando los ojos volamos hacia el mismo cielo, compartimos inspiración entre versos y melodías.
Comenzó a significar más la canción sin mí, con sus ojos en cada estrofa y su sonrisa protagonizando el estribillo. Me permití bailar entre los silencios de las notas de su garganta, aquellas que hacían mecer las ramas de los árboles, hacían florecer las rosas mientras el aroma hacía de su imagen una diosa.
Quise incluir los acordes de mis caídas en sus alzares, quise añadir melodías de decepciones y tristeza en sus perfectos gestos de ilusión, pues incluyéndole en las letras todo cambiaba e iluminaba el final de cada tema.
Simplemente, me inspiró su silencio, su ausencia, la falta de sus palabras, el interminable momento de esperar el siguiente abrazo... Me inspiró su mirar, cuando no era presente."
2016-04-08
Vuelven a cruzarse
"Vuelven a cruzarse por la calle.
Esos dos completos desconocidos que una vez fueron uno la parte del otro.
Firme espalda, gesto serio y plano, ocultando las dudas del saber cómo le irá la vida. Qué será del fragmento que una vez completó su interior. No saber reaccionar cuando escucha las mismas palabras con otro receptor. Le tiemblan las piernas al pensar que aquella lucha no fue perdida, sino abandonada. No hubo opción de defender aquello por lo que tanto dio.
¿Qué pensar de aquellos desconocidos que se conocen de toda una vida?
Apenas meses atrás jugaban a ver el futuro, prometían compartir sonrisas sin saber que no sería unidos. Imaginaban y deseaban el sexo ahora ausente, entregado en misma cantidad a otros. La pasión que sentían cuando una simple caricia rozaba una espalda, la misma que contó no en centímetros, sino en besos. Aquellos 24 besos desaparecían como horas del día, las cuales se repiten al salir nuevamente el sol, pero con diferentes planes, diferente clima... diferente compañía.
Conocía sus gustos y aprendió a cocinar esos platos que ahora no come, pues más que llenar, le muestran el vacío que tiene en su interior. Conoce las canciones a la perfección, esas que teme oír. Cada acorde le llevan a un mal recuerdo, de un muy buen momento.
Pocas compañías encontró comparados con los bares que frecuentó. Poco cuidaba la sonrisa que bañaba en alcohol cada fin de semana, la misma que ahogaba en otros labios, los mismos que le contestaban la sonrisa con otra igual, acompañada de varios mordiscos.
Tanta tensión en el momento en la que desnudaba aquel cuerpo al que no le quitaba la ropa, aquella persona de la que conocía cada esquina de sus miedos y cada fractura de sus penas.
Dos fragmentos del mismo puzzle, rompiéndose la cabeza por encajar en otros vacíos.
Dos miradas que cuanto más se atraen, más se separan.
Dos historias, dos capítulos enlazados, de los que no saben si arrepentirse escribir.
Pendientes quedaron los dos versos que se debían, pendiente el saber terminar el cuento sin arrancar las hojas.
Vuelven a cruzarse por la calle dos completos desconocidos que compartieron todo."
Esos dos completos desconocidos que una vez fueron uno la parte del otro.
Firme espalda, gesto serio y plano, ocultando las dudas del saber cómo le irá la vida. Qué será del fragmento que una vez completó su interior. No saber reaccionar cuando escucha las mismas palabras con otro receptor. Le tiemblan las piernas al pensar que aquella lucha no fue perdida, sino abandonada. No hubo opción de defender aquello por lo que tanto dio.
¿Qué pensar de aquellos desconocidos que se conocen de toda una vida?
Apenas meses atrás jugaban a ver el futuro, prometían compartir sonrisas sin saber que no sería unidos. Imaginaban y deseaban el sexo ahora ausente, entregado en misma cantidad a otros. La pasión que sentían cuando una simple caricia rozaba una espalda, la misma que contó no en centímetros, sino en besos. Aquellos 24 besos desaparecían como horas del día, las cuales se repiten al salir nuevamente el sol, pero con diferentes planes, diferente clima... diferente compañía.
Conocía sus gustos y aprendió a cocinar esos platos que ahora no come, pues más que llenar, le muestran el vacío que tiene en su interior. Conoce las canciones a la perfección, esas que teme oír. Cada acorde le llevan a un mal recuerdo, de un muy buen momento.
Pocas compañías encontró comparados con los bares que frecuentó. Poco cuidaba la sonrisa que bañaba en alcohol cada fin de semana, la misma que ahogaba en otros labios, los mismos que le contestaban la sonrisa con otra igual, acompañada de varios mordiscos.
Tanta tensión en el momento en la que desnudaba aquel cuerpo al que no le quitaba la ropa, aquella persona de la que conocía cada esquina de sus miedos y cada fractura de sus penas.
Dos fragmentos del mismo puzzle, rompiéndose la cabeza por encajar en otros vacíos.
Dos miradas que cuanto más se atraen, más se separan.
Dos historias, dos capítulos enlazados, de los que no saben si arrepentirse escribir.
Pendientes quedaron los dos versos que se debían, pendiente el saber terminar el cuento sin arrancar las hojas.
Vuelven a cruzarse por la calle dos completos desconocidos que compartieron todo."
2016-04-05
Odio
"¿Qué nos une más a algo que el simple hecho de odiarlo? ¿No es verdad que cuanto menos nos guste cualquier situación, es cuando más atención le pondremos?
Es sorprendente la capacidad que tienen las personas de atarse a lo que realmente les daña, les hiere o les perjudica. Es fascinante la manera en la que alguien centra su atención en aquello que desea olvidar, en aquello de lo que se quiere desprender.
Malos recuerdos, malas vivencias, relaciones perjudiciales... todo ello es lo que nos marca un antes y un después, todo ello es lo que nos puede hacer cambiar la manera de ver todo aquello que nos rodea.
El punto en el que la rabia invade tu cuerpo, transpiras tensión y arde tu mirada. Ese instante en el que cualquier objeto dentro del rango de tu visión se convierte en blanco de odio e ira. Ese suspiro que, tras dejar estallar la adrenalina, te das cuenta de la vulnerabilidad que nos invade.
Tan complejos, tan ocultos, tan protegidos en armaduras creadas con la intención de proteger aquello que una vez fue destrozado por algo, por alguien... o incluso por ti mismo.
Nunca queremos deshacernos de dicha armadura, por mucho que pese en ella el pasado, la pesadilla que tiempo atrás te hizo temer, desconfiar, querer olvidar. Tan amarrados a las armas que nos dañan, por el simple hecho de así sentirnos tan humanos... Esa sensación de creer que el tiempo comenzará a correr hacia atrás y tendremos la oportunidad de enmendar el error cometido, el error al que nos aferramos.
Odiamos nuestra manera de actuar, odiamos nuestros impulsos, odiamos lo que somos capaces de hacer en varias situaciones... pero aun así, nos mantenemos unidos a aquello que más de una vez hemos querido olvidar. Porque esa lucha parece ser la única que podemos afrontar, porque en realidad, ese odio o miedo es simplemente, otra manera de querer.
No buscamos sufrir, no buscamos pasarlo mal ni volver a salir dañados. Solo queremos volver a sentir lo que en aquel momento sentíamos, ser tan libres como entonces.
¿Y acaso no hay maneras de volver a serlo, caminando por un nuevo sendero?
Suena irónico, pero ante cuántas situaciones hemos sido valientes simplemente por tener miedo, hemos sido fuertes por estar débiles.
¿Qué nos hace querer luchar? ¿Cuál es la razón por la que queremos tener ese recuerdo en nosotros?
Las batallas, son las que están por llegar, y en ellas es donde las victorias pueden ser duraderas. En el pasado solo encontraremos lecciones, que de no emplearlas bien, no serán más que obstáculos en el camino.
¿Lucharás por lo que viene?
Haz del odio, una nueva manera de querer."
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