Espacio repleto de reflexiones, relatos, historias, opiniones...

Textos llenos de pensamientos intensos, de palabras de aliento.

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Algún lugar hacía falta donde poder expresar todo lo que por dentro uno guarda.
O simplemente opiniones que se retienen en el interior, causando dudas...
A este lugar se le bautizará como el jardín de las opiniones, donde crecen ideas, e incluso se podrán plantar en él sentimientos, que quizás, algún día den su fruto...
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Éste soy yo, éste es mi ser.

2017-09-30

Te he vuelto a soñar

Y me levanto aturdido, confuso y con las pupilas dilatadas.
Vuelvo a confundir lo que sueño con lo que vivo. Pero es que nuevamente, te he vuelto a soñar.
"No te asustes, es solo otra fantasía, otra pesadilla que tu mente te lanza a la cara. Otra falsa realidad sumergida en pequeños detalles que la hacen tangible".
Intento calmarme de cualquier manera posible. Apoyo mis palmas en mi pecho y tras una sacudida de cabeza me giro a mirar las primeras notificaciones del móvil. Esas cuyo sonido te han hecho abrir los ojos y escapar del descanso.

"Había muchas cosas que cuadraban. Días, números, compañías, lugares. Nada era ilógico como en la mayoría de los sueños. Esta vez estaba todo más atado". Me asusto con los mensajes que mi cerebro manda constantemente. Pero es que no podía ser más que la representación de alguna señal que recibí.

Te soñé. Y te pude ver colgada de otras manos, cogidas por las tuyas. Mismas manos que acariciaban mi hombro mientras tu sonrisa me transmitía tranquilidad. Sonrisa que ahora son de unos labios que desconozco.
Te soñé. Y tus excusas eran ridículas al intentar ocultarme una realidad que era más que obvia. Un nombre que repetías constantemente y que te llenaba la boca cuando lo pronunciabas.

Lo soñé todo y todo me hizo dudar del sueño.

Te veía tranquila, hablando de todo y marchando sin avisar al fugaz encuentro con quien te hacía feliz, dejándonos en el banco que en su día nos hizo conocernos. A mí y mi miedo, a mi cuerpo y mi mente que en ese momento intentaba huir y ausentarse.

Te soñé.
Y solo sé que me arrepentí de no haberte confesado nada. Que mi mayor valentía se hubiera transformado en simples abrazos y despedidas sin fecha de reencuentro.

Desperté.
Y mis sueños se mezclan con mi realidad. No sé qué parte de mis sentimientos son verdad y qué parte de tus actos son un sueño.

Y volví a vivir otro día con arrepentimiento, con peso de conciencia. Por soñar. Por siquiera hacer nada.
Me arrepiento de no hacer nada, de no decir nada.

2017-09-22

Horas que se tornan en segundos

Acaba el concierto y es hora de partir.

Oscura noche con restos húmedos en las aceras de la amenaza de precipitación que las nubes mostraron apenas minutos antes. Del vaso solo quedan los hielos, bañados en su propio estado líquido con restos de lo que sería el tranquilizante y a la vez estimulante alcohol de una velada musical.

Se apagan los focos, se desconecta el sonido y en la plaza solo se escucha el murmullo de la gente, los gritos de las personas que siguen tarareando las canciones y los clásicos de fiesta cuando el ron te quita la vergüenza. Quizás no es tan tarde para ir directo a la cama - pienso mientras me anudo la sudadera a la cintura planeando el camino más cercano a la habitación que en esa noche tocaba. Pero la noche aún guardaba sorpresas.
En la ronda de despedidas de amigos y terceros también te despides incluso de los desconocidos, motivado por el bailar de una plaza entera que hace creer navegante en asfalto. Te saludan, te presentan a gente nueva, entre ellas la persona que en el momento que aparece, tiene tres canciones dedicadas en un guión mental con borrones producidos por el pitido del sonido recién apagado que te distrae a cada segundo. Miles de personas rodeando en una fiesta de gritos y sonrisas etílicas acompañadas del movimiento que la multitud comprimida produce a cada empujón.

Pero ya no existe nadie más, pero la cama pierde prioridad en la noche y decido hacerla esperar con el frío característico con el que sus sábanas me esperaban cada noche. Pero la noche se torna en una cuenta atrás para la verdadera despedida. La misma que me obligará a separarme de la portadora del vaso que varios ojos envidian. Vaso que acaricia los labios que sonríen y cantan al compás de la música, la misma que cansa y agota al ser escuchada en cada bar, cada calle, cada fiesta, pero que ahora se hace banda sonora del momento que te cambió los planes. Del instante en el que la prioridad se centró en aprovechar cada minuto que iba restando, amenazado por el amanecer que separaría nuestros caminos sin saber si volverían a cruzarse.
20 minutos de conversación han pasado, unas 6 o 7 canciones repetitivas, y he tenido la sensación de haber parpadeado solo una vez. Sus verdes ojos me transmiten calma, me apaciguan en un valle, acariciado por una brisa, ya no fría, que me devuelve a la realidad y en ocasiones me hace volver a entrar en la reciente rutina de contar los minutos que quedan.

No te conozco de nada y sé que no te voy a poder olvidar. No entiendo la lógica de lo efímero, del cómo el olvido juega a no ser parte. Como en apenas dos horas que nos quedan, quiero vivir una eternidad a su lado.

Bares con luces, con bailes, con más sonrisas acompañadas del olor dulce del cubata que se cae con cada vuelta que damos en la pista. Horas que se tornan en segundos...

Y en el metro llega la despedida. Los besos, los abrazos y el ojalá verte pronto con sabor a confusa despedida. Sin fecha de reencuentro, sin teléfonos ni contacto de por medio. Sin saber más que un nombre y el recuerdo de la forma exacta de tu espalda, de tus caderas, de la fuerza de tu persona ante la lucha de una vida entera.

Se aleja por las vías, se marcha una vida en una sonrisa de la que me enamoré y me mentía, motivado por el alcohol, con la excusa de ser un capricho que el ron me hacía querer.

Y amanecí.
Con unas pocas horas dormidas. Con toda una vida perdida en un adiós.

2017-08-07

Otra noche más

Quiero llamar a las puertas del infierno y que me reciban diciendo "Te estábamos esperando..."
Quiero caer, quiero ahogarme en oscuridad. Quiero dejar de tener, quiero dejar de encontrar.
Quiero perderlo todo, quiero con ello no tener nada que perder.
Quiero jugar a la ruleta rusa en solitario, disparando palabras y recuerdos a mi sien con cada trago.
No quiero preocuparme por la elegancia, por la presentación, por dar buena imagen.
Por crear sensaciones y respetar los márgenes de lo escrito.

No entiendo lo que antes veía con claridad, no comprendo los días que pasan sin aportarte nada nuevo. No recuerdo el sentimiento negativo, y lo quiero rememorar.
Apartar las ilusiones, apartar las alegrías, los factores que te elevan, y caer. Encontrarme con todos los momentos que me destrozaron, con todas las palabras que me hicieron protegerme bajo unas sábanas con una linterna, con miedo a asomar por si mis temores me estaban esperando, sentados en mi silla, para no dejarme dormir.

Otra noche más.

Y mirar las agujas del reloj y envidiarlas por dar tan pocas vueltas sobre si mismas en comparación con el zarandeo tenso, inquieto, de cuerpo y mente. Con apenas 10º y sudando gotas de desesperación, de nervios, de angustia.
Disfrutar de los efímeros placeres que te hacer arrepentirte al poco, pero disfrutas en un éxtasis de aislamiento de realidad. Y mojarme, olvidarme el paraguas, quién sabe si queriendo, para llegar a casa y terminar sumergiéndome en la ducha, a veces caliente, en otras fría, que me hace dar más vueltas. Y recordar al estúpido reloj que casa segundo suelta una tímida carcajada y se burla de mi sueño. De mi ausencia del mismo.


Quiero acabar conmigo, quiero empezar desde cero conmigo.

No sé lo que quiero. Pero sé que no quiero ver tanta luz. Me ciega, me aturde. Me asusta en ocasiones y me hace dudar del lugar en el que me hallo.
No quiero terminar viendo cansado lo que me gusta. No quiero terminar cansando a quien me gusta.

Simplemente. Quiero acabar.

...y volver a empezar esa espiral,
una vez más.

Otra noche más.

2017-06-15

24 horas

En ningún momento elegí camino alguno ni decidí ninguna dirección, simplemente aparecí y me vi frente a la imagen de la sirena que entre cantos hipnotizaba.
La encontré y me perdí. La abracé y me vi protegido en los brazos de la tranquilidad.
Su sonrisa era la brisa que mece la barca perdida en el mar de pensamientos encontrados.

24 horas sirvieron para encontrarle a todo el significado. 
Menos de 24 me quedaban para disfrutarlas a su lado.

Viajamos de un bocado a japón, siendo el templo de la sinceridad y la admiración.
No hubo ofrendas para una diosa proclamada humana, una deidad frente a mí sentada.
Y no dejé de mirar el reír de sus gestos, el bailar de su pelo en el pecho del viento que le hacía volar.

Plaza de aves, plaza de gentes, plaza llena de corrientes de personas que no saben dónde van,
no me digas si encontraba algún destino, si buscaba en el camino a su lado andar.
No quisimos mirar el reloj cuando caía la noche y entre copas quisimos disfrutar
del segundo piso de un bar que nos desnudaba sin quitarnos la ropa.

Pasa una hora más y en la boca del lobo no te podía escuchar.
Entre la oscuridad de las pocas luces, te envidió la luna por brillar más que ella y ser única protagonista ante los ojos de todos.

Prometí intentar no escribirte, mientras el sol asomaba.
Prometí no querer desear lo que hoy en día anhelo.
Prometí que algún día a tus gestos saludaría al despertar.
Deseando que llueva para leer juntos, esperando al frío llegar para desnudos pedir calor.
Las caderas que guiaron el ritmo la noche en la que caí otra vez.
Las curvas en las que con mapa me perdí.
Recorriendo cada peca de tu cuerpo, dibujando un querer infinito que te admitía el deseo de colgar en tus labios, de besar tu sonrisa.

Amanece, más de 20 horas que en un momento sintieron ser pocas.
Como árbol que aguanta la tormenta, me mantengo erguido, en pie, mientras el largo abrazo dicta el final. Abrazo interminable, en el que llevaste parte de mi corazón entre tus brazos.

No han pasado 24 horas y ya no te veo.
Vuelvo a mí y me noto vacío sin ti.

Pido nuevamente al destino, que me preste una hora más.
Hora que no llega, hora que gasto en escribirte una carta...

2017-03-25

Mi sueño

Escucho hablar por la calle de detalles, de momentos, de bellezas y poesía. Escucho cómo la gente cree conocer la perfección en los colores o la perfección de la naturaleza.
Escucho a mucho extraño hablar, pero nadie te conoce.
El tacto de las nubes en tu pelo, brillo de estrellas en tu mirar. Olor del rocío en tu cuello que va bajando por tu piel.

Ahora te tengo nuevamente frente a mí, dispuesta a enseñarme el mundo, con ganas de ganar cualquier batalla.
Vuelvo a preguntar por ti, te vuelvo a oír susurrar. El aire roza tus labios y me arropa más y más. Es tu nombre, el que escribo en el sobre de cada carta, el que tatúo con caricias en la almohada.
Blancas sábanas vistiéndote, dándote el calor que no tengo valor de proporcionar y varias gotas de sudor peinando tu melena. Cargado ambiente, deduce el sexo sentido. Abrázala nuevamente canta un jilguero en la ventana...
Y vuelvo a despertar.

En ocasiones rechazado amanecer que me separa de tu figura, de tu sonrisa, de tu calor.
No sé cómo amaneces, no sé cuál es tu primera sonrisa por la mañana. Desconozco las cucharadas de azúcar que complementan tu café y si la ducha te sienta bien, si comienzas el día prefiriendo abrir los ojos envuelta en un abrazo o con tu canción favorita como banda sonora.
No escuché la melodía de tu despertador ni el bostezo de buenos días.

Y aun así... quiero vivirlo cada día. Quiero que sea lo que me despierte. Tu compañía.

Fortuna encontrarte, caída del cielo, posando tu luz sobre mí.

No fue error morir, no fue error romper mi interior en pequeños pedazos. No fue error si buscando cada uno de ellos, reparaste lo oxidado de mis sentimientos y diste brillo al amor, puliendo espadas de pasión.

No hay error si los que hablan de belleza, de poesía, de felicidad... aún no te conocen.
Cuando lo hice, comprendí lo que decían.
Cuando tu nombre es poesía.
Cuando tu felicidad es belleza.

Cuando mi sueño, eres tú.