Espacio repleto de reflexiones, relatos, historias, opiniones...

Textos llenos de pensamientos intensos, de palabras de aliento.

"
Algún lugar hacía falta donde poder expresar todo lo que por dentro uno guarda.
O simplemente opiniones que se retienen en el interior, causando dudas...
A este lugar se le bautizará como el jardín de las opiniones, donde crecen ideas, e incluso se podrán plantar en él sentimientos, que quizás, algún día den su fruto...
"

Éste soy yo, éste es mi ser.

2018-06-14

A un cuerpo de distancia

No duermo.
Espero que descanses.
En tu cara el esbozo de una leve sonrisa mientras sueñas.
Merece la pena quitarle horas a Morfeo de mi agenda
por momentos que no quieren que les olvide.

No deja de sonar un piano de fondo y temo apagarlo 
por si tus sueños bailan en sus teclas.

No planeo escribir más.
Demasiado me has cambiado en apenas un cuerpo de distancia.
Demasiado ha cambiado la semana en apenas un mensaje de nostalgia.

En misión de vigilancia he estudiado todas las estaciones de tus pecas.
He recorrido con mis fuerzas cada pesadilla que te abraza.
Hoy no es día de visita.
Hoy es el turno de la tranquilidad. 
De la calma que inspiran tus manos abiertas al mañana.

No tocaba noche de texto. 
Pero has insistido en estar especialmente guapa
para ser más musa que nunca.
Con los ojos cerrados.
Con el abrazo a la almohada.

Llevas tiempo queriendo ser libre
y nunca te he visto más golondrina
que viajando entre los acordes mayores
de tus canciones favoritas.

Odio que aparezcas de repente,
sin llamar a la puerta,
en mis pensamientos.
En mis sentimientos.
En mis líneas.

No te di permiso, y tomas las advertencias como retos.
Nunca quisiste irte.
Pero nunca fuiste.

No soy nadie para dar títulos
pero he intentado hacerte eterna
en más líneas que fotos.

Te pido perdón si nunca te cuento el secreto,
pero si mis textos enamoran,
es porque tú lo haces.

Tú eres mis dedos sobre el teclado.
Tú eres cada nombre que viene al leer todo.
Tú eres Soñar, Amar, Reír, Andar.
Eres el no querer caer.

Eres mi insomnio. 
A kilómetros.
A un cuerpo de distancia.

Cuerpo que descansa al calor
de las calles de una ciudad del este.
Del ventilador de tu ordenador,
el que hoy te hace eterna.

2018-06-12

En mis noches en vela

Creo que he muerto.
No por dejar de respirar,
ni por renunciar a vivir.
Creo que he muerto,
porque un sueño no podrá nunca transmitir tanta calma.

Siento que llueve en la calle, o que los coches pasan sin respetar los semáforos.
apenas escucho el piano que suena, ni la charla que tengo abierta.
Respirar se ha convertido en escucharte suspirar,
alcanzar el teléfono, o el sueño, una pesadilla.

Mi derecha guarda momentos de sinceridad.
Mi izquierda guarda todo por lo que daría la vida.

Quizás mi pecado es no pedir más abrazos.
Quizás es el no robarlos.
Lo siento, tengo un miedo que me incapacita
a desearte no buenas, sino mejores noches.

Creo que he muerto,
porque entre la oscuridad de cuatro paredes
hay luces que me están alumbrando tu perfil.
Y juro que nunca vi atardecer más bonito
que el de la sombra en tu mejilla.

Describen tu pelo como rayos de sol,
que no deslumbran, pero ciegan.
Que no es noche, pero hace soñar -a veces despierto-.
Rezar(te) por el bien.
Creer(te) en la eternidad.

En mis noches en vela algo no iba como esperaba.

Sabía que iba a escribir,
con un pasado o en un futuro.
Lo que no tenía en mis planes,
eras tú.
En presente.
A mi lado.
En mi poema.

Haciéndome escribir tu nombre.

2018-05-21

Candados en el puente de París

Miramos a los dos lados y no hay nadie. Podemos seguir besándonos sin miedo. Como animales en libertad alimentando sus ganas de vivir. Cogiéndonos las ganas y rozando nuestras ansias. Una extraña aventura con máquinas rodeando. Una tenue luz alumbrando tus hombros. Nuestras manos cogidas con fuerza, son candados en el puente de París. No nos dejamos escapar ni dejamos juntarnos.
Me era extraño que fueras tú, la que apareció tras tiempo. La que volvió a sonreírme y a darme los buenos días. Sorprendente paso del beso en la mejilla, a la caricia con tus labios en los míos. Posados. Una hoja que termina su vida en rama y comienza una aventura dejándose llevar por el viento. Caída en el río. La corriente arrastrándola. Corriente de gente que comenzó a pasar por las calles. Esas que acababan en Roma. En nosotros del revés. En nuestras palabras dadas la vuelta.

Por primera vez desde hace años. No corremos. No nos escondemos. No caemos en lo que nos rodea. Simplemente éramos, somos. Dos números cardinales sumados en la preciosa ecuación de la felicidad. Porque ambos sabemos que sin el valor que nos damos, no había ningún resultado positivo posible. Simplemente, éramos. Tus grandes ojos, mis infinitas ganas. Tu amplia sonrisa y mis formas de hacerte eterna. Dos gorriones jugando a encontrarse en cada cruce de palabras, chocando con los labios y mordiéndonos las sílabas. Entorpecemos los Te quiero con risas encajadas a la fuerza de la lengua que desliza la oración para no perderte.

No recordaba estar tranquilo entre la gente, hasta que me he posado en tu boca. Respirando tus latidos y escuchando tus ganas de seguir corriendo. Cogiéndome de la mano, riéndote, haciendo nuestras las avenidas. Poniendo tu nombre a cada flor. Subida en mi cintura. La pared sujeta tu espalda. Tus manos mis mejillas. Tu boca, mi sinceridad. No tiene que estar para ser testigo el sexo de cómo hacemos el amor. Sin siquiera quitarnos la camisa, estamos desnudos. Amor con ropa, amor sin complejos. Sin miedo del cómo nos miran. Sin vergüenza de las sonrisas de parejas que entienden que la pasión, es el comienzo del amor. Que nuestras ganas son sus manos entrelazadas en un paseo por la playa.
Nos miran. Nos da igual. Seguimos sonriendo. Una suma de dos. Un valor infinito.
Es amor. Es tranquilidad. Es el saber que te extraño sin siquiera haberte ido aún.

Sé que es todo eso, porque lo estoy soñando. Porque te vivo cuando no te veo.
Porque tu olor permanece en mi camisa. Porque tu sabor, en mis manos. Atadas a las tuyas. Como candados en el puente de París.

2018-04-24

Qué fuimos

Yo era otra gota en tu espalda, deslizándose por tus vértebras
y tu espina dorsal se clavaba en mi garganta,
atragantándome en cada beso que dedicaba
a tus costillas creadoras de mi vida.

El dar de cada día, un masaje terminado en santo pecado.
Noches de bohemia y despreocupación. De escribir a nuestro herido diario que las luces del peón del tablero tiraron las torres de discos que tu mesa protegía. Tu alfombra vestía entonces el Rock'n' Roll de unos cuerpos desnudos bailando en una pista horizontal un paso con doble de hielos, deshaciéndose en el vaso en el que el ron se ahogaba. El teléfono colgado de una soga que comunicaba demasiado al balancear el olor vainilla de tu perfume favorito, arraigado al cuello que mordía, al brazo que acariciaba. Las sombras de una cortina, pura y blanca, con un negro futuro arrancado de sus anillas y tirado junto a la cama que deshecha, hacia el amor unido, con dos sobre el colchón.
El significado de las líneas cambió cuando la historia, terminable, me dijo que mi nombre se borró del buzón que recibía tus cartas. En el que al mirarme, hacías no conocerme y no querer hacerlo.

Terminé siendo ese extraño desarreglado que frecuentaba las barras libres de sentido y con botellas vacías y llenas de historias como la que lloraba cada cóctel en mi garganta.
Dolor inhumano el sentir clavadas tus espaldas cuando cruzabas mi campo de visión, tus puntos de mira apuntando en otra dirección y tus sonrisas besando cualquier amante de noche triste que te dejaba sola con tu cortina, con tu vainilla y tu colchón.

Una vez jugamos a ser dos Dioses desterrados, por osar hacer cada esquina del mundo nuestra y por ubicar cada estrella en las pecas de tus caderas. Las constelaciones tenían tu nombre y era fácil reconocer tu sonrisa en el cielo.

Y como del río, todos quisieron probar de ti. Fuiste una estrella fugaz en sus noches de cometas y lluvia de bellas palabras en el aire congestionado por la contaminación de una acústica silenciada. De unos llantos callados con la almohada que me daba los buenos días. Con las sábanas que secaban los ojos que cuando me miraban en la barra del mar, llevado por la marea, miraban hacia otro horizonte.

Porque terminamos siendo dos desconocidos que se conocían demasiado.
Dos conocidos que no se reconocían.
Terminamos siendo al fin, lo que en un principio temimos.

Un dos, dividido en cifras.
Uno solitario que no volvería a multiplicar su sentimiento por el dos que nunca dormía sola.
En realidad,
eran dos unos que dejaron de sumar para acabar sin casi valor.

2018-02-18

No soy yo

Despierto.
Nuevo día.
No sé si son las 7 de la mañana o las 12 del mediodía. Me hallo confuso por las pocas luces que dejo pasar entre los espacios de la persiana. Confundo al sol con las farolas y el calor con el abrazo de las sábanas.
No distingo entre las sombras los deberes que tengo por hacer. No encuentro entre las gotas de sudor las ganas de realizar ninguno de ellos.

Cruzo la puerta, sin hacer ruido, sin molestar, pasando desapercibido -como cada día en la multitud- y me miro al espejo que refleja el cuadro que nunca me gustó, el retrato más odiado. Sigo sin reconocer lo que veo; desarreglado, sin energía, apagado y con pocas ganas de mirar. El pelo sujeto con la goma que no le deja ser libre, la barba irregular y descuidada, puede que por pereza o por las pocas ganas de hacer nada que ya caracterizan a ese reflejo que me mira con odio y desprecio.

El escribir ya no me llena y me causa más ansiedad que placer. Ya no es parte de la terapia de desahogo y ya no me satisface. Escribir se está convirtiendo en una incomodidad y en un acto que me produce náuseas a cada palabra que inmortalizo en la pantalla.
El componer me deja amargo sabor por las malas melodías que no logran acompañar ni describir estados ni sentimientos. No existen notas sostenidas que sujeten el pentagrama que quiero romper y tirar a la basura.

No entiendo nada.
Ni el reflejo ni la historia que cuenta y el odio que representa.

No han pasado más de dos minutos y ya he dejado de comprender muchas de las cosas que rodean mi día a día y que forman parte de mi ser. Me conocen por ello, me presentan con ello. Y tras un nombre y adjetivo, no soy más que un cuerpo vacío andando y buscando la próxima pasión que pueda ofrecerme un intento de serenidad.

Ya no me siento en calma en la orilla del acantilado.
Ya no disfruto de la brisa del horizonte.
Las montañas se me quedan altas y los mensajes, pequeños.
Ya no escribo cartas ni expreso sentimientos.
Realmente, creo que ya no siento

No soy yo,
no soy nada.