Hoy no te prometo mucho, pero te prometo estar.
No aseguro que vaya a lograr transmitirte lo que lograba hacer hace tiempo, pero nunca he querido dejarte.
Te sigo viendo y ni siquiera nos miramos.
No sé si quieres saber de mí, no sé si piensas que fui solo otro mal intento de conquista que no supo adaptarse bien a cada punto y coma que tenías -te prometo que lo hice lo mejor que pude y di todo de mí- en tu cuerpo.
Llevo tiempo viéndome perdido. Dejándote de lado. No teniendo el valor ni siquiera de nombrarte. Y eso que te llevo a cada lado y te guardo cerca.
Aún tengo cada momento que me brindaste en la cartera guardado, cada sentimiento en las fotos que teníamos. Y ni teniéndote tan presente sé cómo darte el reconocimiento que mereces.
Ahora vivo sin pasado ni futuro. Simplemente me dejo llevar. Sobrevivo al día a día. Pero te sigo viendo y me sigues dando vida.
Recuerdo que me hiciste abrir los ojos hace más de cuatro años, dejándome bloqueado en medio de una conversación en la que todo se paró y pude mirar más allá.
Vi cada flor bailar con el viento. Vi la inocencia y curiosidad en los ojos de los niños. Vi la unión en una familia que se apoya. Vi el trabajo en equipo en grupos que se acompañan.
Y hoy, he querido mirar con aquellos ojos aunque fuera solo un rato. Aunque fuera solo en recuerdos.
He recordado los abrazos interminables de encuentros en estaciones de autobuses. Los besos de despedida bañados con las saladas lágrimas que se auto-invitaban a una fiesta entre labios. Los acordes llenando una habitación junto a una voz que agonizando tristeza quería llegar hasta el final, Con las ganas. He tenido presente las escapadas matutinas a los hoteles intentando exprimir el tiempo hasta echarnos. Las noches en vela, entre velas, con ropa y sin ella y los te quiero bailando entre sudores de dos cuerpos entregados a quererse. He visto un público entregarse y cantar al unísono lo que necesitabas que te dijeran. He visto segundas voces haciendo de primeras y coros sonando por encima de la principal melodía.
He visto páginas llenas nuevamente.
He visto otros tres libros pendientes del valor para ser publicados, guardados en mis discos duros.
He visto varias canciones nombradas Boceto por mucho que estuvieran casi terminadas, esperando una voz adecuada que las haga brillar.
He visto cómo compañeras de vida, se auto-proclamaban inspiración, simplemente para verme hacer Poesía. Porque hoy se supone que es su día y pide odas que le hagan resurgir.
Creedme cuando os digo que esa poesía la veo en cada momento, en cada café, en cada conversación y cada libro prestado.
Porque la poesía la tenemos en nosotros.
Solo nos queda inmortalizarla escribiéndola, abrazándola o expresándola a los demás.
Espacio repleto de reflexiones, relatos, historias, opiniones...
Textos llenos de pensamientos intensos, de palabras de aliento.
O simplemente opiniones que se retienen en el interior, causando dudas...
A este lugar se le bautizará como el jardín de las opiniones, donde crecen ideas, e incluso se podrán plantar en él sentimientos, que quizás, algún día den su fruto..."
Éste soy yo, éste es mi ser.
2019-03-21
2018-12-18
Uno más, una menos.
Diez y media de la mañana, joder, vuelvo a levantarme tarde.
Siempre me pasa lo mismo cada vez que tengo un plan o quedo con alguien. Me confío demasiado y pienso que me va a dar tiempo a todo y más. Me quedo un poco con el teléfono en la cama. Vuelvo a dormirme. Me despierto a los veinte minutos. "Ya espabilarás" me digo semi-indignado conmigo mismo, "siempre te pasa igual. Eres de lo que no hay. Ahora tendrás el baño ocupado. Te encontrarás la cafetera vacía y vas a perder tiempo de más en hacer lo que podría estar hecho".
Necio confiado.
No pasa nada. Tengo la habilidad de ahorrarme el peinarme en forma de coleta o pelo recogido y la ducha rápida ya la tengo calculada con tiempos cada vez mejores. Tengo suerte de encontrarme la cafetera llena y parece que hoy el tiempo amanece -o ha amanecido, en mi tardío caso- despejado. Parece que el yang del yin muestra sus cartas.
Le escribo un par de mensajes. "Qué ganas tengo de verte. Llevábamos tanto tiempo... Parece que se mantendrá buen tiempo. ¿Te apetece el plan de paseo por la costa?". No contesta en diez, quince, veinte minutos. Nada, ella también se habrá quedado dormida. Al fin y al cabo, vive en plena ciudad, estando aquí por trabajo, y tarda tres cuartos de hora menos que yo en llegar. Todo correcto. Al fin y al cabo, todos nos podemos quedar dormidos, ¿no?
Estoy en el tren. Qué ganas. Hacía tiempo que no me ponía nervioso por el simple hecho de ver a alguien con quien había quedado -odio ese pretérito pluscuamperfecto, pretérito de suposición; forma verbal de lo que hice y no se sabe si fue-.
Me vi esperando en su parada minutos. Horas. "¿Qué cojones le habrá pasado? No acostumbra a tardar. Con lo organizada que es ella. Con lo estricta que es con su dieta, entrenamiento, horario... es extraño". Le escribo. Sigue sin contestar.
Me preocupa.
Miro sus redes sociales.
"Hoy es un bonito día. Hoy va a ser un bonito día. Toca salir a correr y despejarse." es su última publicación.
Rutina deportiva. ¡Qué típico en ella! Al final, estaba más en forma que yo -o al menos se esforzaba más por cuidarse, que lo mío era un caso perdido-. Pero no había ninguna otra señal.
Sigo mirando a mi alrededor esperando verle cruzar cualquier esquina.
Tres horas han pasado y me doy por vencido. Vuelvo a casa.
De camino, recibo una llamada. "¡Al fin se dispone a darme noticias suyas!" pienso, mientras saco el móvil. Veo un número desconocido. Extraño que me llame alguien en fin de semana, pero bueno, no tenía otra cosa que hacer en un viaje de tantos minutos de vuelta a casa.
Silencio...
Silencio...
Vamos a más de 80 kilómetros por hora y siento que el mundo se ha parado. Dejo de escuchar todo lo que me rodea. Dejo de escuchar hasta la voz que me habla entre llantos al auricular.
"¡Es ella, joder! ¡No puede ser! ¡Tío, es ella!". Repito sus palabras. No puede ser.
Solo salió a correr. Solo salió a ver una mañana bañada por los poco característicos rayos de sol de esta zona y esos mismos rayos, no la verán anochecer. Se ha acabado.
Nadie dio protagonismo en esta historia a unputo desalmado que decidió que su interés era mayor que cualquier vida ajena.
Un monstruo más,
una inocente menos.
Llego a casa con pasos lastrados, gastando la poca suela que me queda en estas viejas pero elegantes zapatillas que me puse para el momento. Momento que quedó en un plan que no fue.
No ceno, no bebo, no me quiero ni cambiar.
Nada de esto está pasando.
Puede ser una mierda de pesadilla, al final, todos nos podemos quedar dormidos, ¿no?
Me meto en la cama.
Quiero dormir. Que todo sea un sueño. Despertar. Que nada sea real.
Pero me duele saberlo.
Yo dormiré. Y aunque me quede dormido, despertaré viendo que mientras nadie cree en lo que tantas gritan, otrosputos desalmados aprovechan para hacer lo que quieren en una tierra donde su creída superioridad les da derecho a hacer lo que quieran con total libertad. Pensé que todo esto solo eran noticias y culpas ajenas, que eran extremos.
Ella no lo era.
Ella no lo merecía.
Ninguna que sale en esas noticias lo merecía.
Y sin embargo, no se quedarán dormidas para un siguiente amanecer.
Porque esto está plagado de bestias, de inhumanidad, de hombres que merecen lo peor.
Y a su vez, de inocentes mujeres que acaban viviéndolo.
Fue uno más
y una menos.
.
.
.
.
.
.
.
.
Para todas las que quedaron sin voz,
para todas las que no podrán defenderse.
Seremos vuestra palabra. Seremos vuestra justicia.
.
Necesitamos un cambio.
.
.
.
Siempre me pasa lo mismo cada vez que tengo un plan o quedo con alguien. Me confío demasiado y pienso que me va a dar tiempo a todo y más. Me quedo un poco con el teléfono en la cama. Vuelvo a dormirme. Me despierto a los veinte minutos. "Ya espabilarás" me digo semi-indignado conmigo mismo, "siempre te pasa igual. Eres de lo que no hay. Ahora tendrás el baño ocupado. Te encontrarás la cafetera vacía y vas a perder tiempo de más en hacer lo que podría estar hecho".
Necio confiado.
No pasa nada. Tengo la habilidad de ahorrarme el peinarme en forma de coleta o pelo recogido y la ducha rápida ya la tengo calculada con tiempos cada vez mejores. Tengo suerte de encontrarme la cafetera llena y parece que hoy el tiempo amanece -o ha amanecido, en mi tardío caso- despejado. Parece que el yang del yin muestra sus cartas.
Le escribo un par de mensajes. "Qué ganas tengo de verte. Llevábamos tanto tiempo... Parece que se mantendrá buen tiempo. ¿Te apetece el plan de paseo por la costa?". No contesta en diez, quince, veinte minutos. Nada, ella también se habrá quedado dormida. Al fin y al cabo, vive en plena ciudad, estando aquí por trabajo, y tarda tres cuartos de hora menos que yo en llegar. Todo correcto. Al fin y al cabo, todos nos podemos quedar dormidos, ¿no?
Estoy en el tren. Qué ganas. Hacía tiempo que no me ponía nervioso por el simple hecho de ver a alguien con quien había quedado -odio ese pretérito pluscuamperfecto, pretérito de suposición; forma verbal de lo que hice y no se sabe si fue-.
Me vi esperando en su parada minutos. Horas. "¿Qué cojones le habrá pasado? No acostumbra a tardar. Con lo organizada que es ella. Con lo estricta que es con su dieta, entrenamiento, horario... es extraño". Le escribo. Sigue sin contestar.
Me preocupa.
Miro sus redes sociales.
"Hoy es un bonito día. Hoy va a ser un bonito día. Toca salir a correr y despejarse." es su última publicación.
Rutina deportiva. ¡Qué típico en ella! Al final, estaba más en forma que yo -o al menos se esforzaba más por cuidarse, que lo mío era un caso perdido-. Pero no había ninguna otra señal.
Sigo mirando a mi alrededor esperando verle cruzar cualquier esquina.
Tres horas han pasado y me doy por vencido. Vuelvo a casa.
De camino, recibo una llamada. "¡Al fin se dispone a darme noticias suyas!" pienso, mientras saco el móvil. Veo un número desconocido. Extraño que me llame alguien en fin de semana, pero bueno, no tenía otra cosa que hacer en un viaje de tantos minutos de vuelta a casa.
Silencio...
Silencio...
Vamos a más de 80 kilómetros por hora y siento que el mundo se ha parado. Dejo de escuchar todo lo que me rodea. Dejo de escuchar hasta la voz que me habla entre llantos al auricular.
"¡Es ella, joder! ¡No puede ser! ¡Tío, es ella!". Repito sus palabras. No puede ser.
Solo salió a correr. Solo salió a ver una mañana bañada por los poco característicos rayos de sol de esta zona y esos mismos rayos, no la verán anochecer. Se ha acabado.
Nadie dio protagonismo en esta historia a un
Un monstruo más,
una inocente menos.
Llego a casa con pasos lastrados, gastando la poca suela que me queda en estas viejas pero elegantes zapatillas que me puse para el momento. Momento que quedó en un plan que no fue.
No ceno, no bebo, no me quiero ni cambiar.
Nada de esto está pasando.
Puede ser una mierda de pesadilla, al final, todos nos podemos quedar dormidos, ¿no?
Me meto en la cama.
Quiero dormir. Que todo sea un sueño. Despertar. Que nada sea real.
Pero me duele saberlo.
Yo dormiré. Y aunque me quede dormido, despertaré viendo que mientras nadie cree en lo que tantas gritan, otros
Ella no lo era.
Ella no lo merecía.
Ninguna que sale en esas noticias lo merecía.
Y sin embargo, no se quedarán dormidas para un siguiente amanecer.
Porque esto está plagado de bestias, de inhumanidad, de hombres que merecen lo peor.
Y a su vez, de inocentes mujeres que acaban viviéndolo.
Fue uno más
y una menos.
.
.
.
.
.
.
.
.
Para todas las que quedaron sin voz,
para todas las que no podrán defenderse.
Seremos vuestra palabra. Seremos vuestra justicia.
.
Necesitamos un cambio.
.
.
.
Desde el escritorio,
entre teclados y noticias,
con la rabia en el corazón.
2018-10-29
He visto lo que no quería
He visto demasiado. Y todo lo visto no ha ayudado a aprender.
He visto cosas desagradables. Y no sé si formo parte de ellas.
He visto un alma en pena. He visto romperse una vida.
He visto amigos traicionar. He visto la mentira triunfar.
He visto a la distancia ganar la batalla contra el amor.
He visto un muerto en un salón donde días atrás juraba a otro cuerpo una eternidad.
He visto a unos padres enterrar un hijo y he visto a un hijo enterrar a sus padres.
He visto familias deshacerse. He visto a familiares dejar de serlo.
He visto el interés en muchos y el morbo en la camuflada empatía.
He visto dar lecciones sobre errores que se cometían.
He visto la muerte como una opción.
He visto la soledad como posible amiga.
He visto sangre correr por mi cuerpo. He visto autolesiones en primera persona.
He visto a la música dejar de ser algo para disfrutar y convertirse en simple interés propio.
He visto a la escritura dejar de transmitir.
He visto lo que no he querido y he visto lo que siempre he querido irse.
He visto sacrificarse por una causa perdida y acabar perdido.
He visto a animales llorar la ausencia de los que eran sus cuidadores.
He visto a un niño perder la infancia.
He visto a una niña perder su inocencia.
He visto cadáveres andantes. He visto poca vida en calles.
He visto cómo todo el mundo puede ser prescindible.
He visto cómo al final todo valor, se reduce a un cero tras la vida.
He visto tantas cosas que no quería ver, que al final no me quedaba más que andar con los ojos vendados. Y aunque no viera nada, escuchaba las traiciones, los gritos, los llantos, la muerte llamando, la tristeza invitándote.
Me he visto perdido.
Y no he visto salida.
He visto cosas desagradables. Y no sé si formo parte de ellas.
He visto un alma en pena. He visto romperse una vida.
He visto amigos traicionar. He visto la mentira triunfar.
He visto a la distancia ganar la batalla contra el amor.
He visto un muerto en un salón donde días atrás juraba a otro cuerpo una eternidad.
He visto a unos padres enterrar un hijo y he visto a un hijo enterrar a sus padres.
He visto familias deshacerse. He visto a familiares dejar de serlo.
He visto el interés en muchos y el morbo en la camuflada empatía.
He visto dar lecciones sobre errores que se cometían.
He visto la muerte como una opción.
He visto la soledad como posible amiga.
He visto sangre correr por mi cuerpo. He visto autolesiones en primera persona.
He visto a la música dejar de ser algo para disfrutar y convertirse en simple interés propio.
He visto a la escritura dejar de transmitir.
He visto lo que no he querido y he visto lo que siempre he querido irse.
He visto sacrificarse por una causa perdida y acabar perdido.
He visto a animales llorar la ausencia de los que eran sus cuidadores.
He visto a un niño perder la infancia.
He visto a una niña perder su inocencia.
He visto cadáveres andantes. He visto poca vida en calles.
He visto cómo todo el mundo puede ser prescindible.
He visto cómo al final todo valor, se reduce a un cero tras la vida.
He visto tantas cosas que no quería ver, que al final no me quedaba más que andar con los ojos vendados. Y aunque no viera nada, escuchaba las traiciones, los gritos, los llantos, la muerte llamando, la tristeza invitándote.
Me he visto perdido.
Y no he visto salida.
2018-10-22
Estoy bañado de cicatrices
Me he cortado los brazos y las piernas. He golpeado las paredes hasta sangrar. No me he roto huesos de la rabia, pero el dolor estaba igual. He estado en una cima, delirando, disfrutando, hasta que me cortaron las alas y caí más bajo de lo normal.
He creído volar, he creído flotar. No estaba más que ahogándome bajo el agua.
He aprendido a creer y me han enseñado a desconfiar. No creo ni en mis propias promesas.
Lucho por sacar sonrisas, me exploto por ver felices a los demás. Los baños son testigos de mis cicatrices cuando algo sale mal.
He tenido las malas noticias como normalidad. He vivido junto a la muerte como si fuera una más en el grupo de amistad.
Me han roto una vez. Me han roto dos veces. Ha sido evento mensual el romperme. Y siempre llego a tiempo y reparado a un nuevo sacrificio.
Me he tenido que reconstruir de tantos materiales y emociones, que ya no sabía cuál era mi principal apoyo, mi manera de ser ni mi objetivo.
He sido un cristal roto con el que se han cortado. He sido un cristal roto con el que me he cortado. Y he sangrado. Demasiado. He escrito gran parte de mis textos con esa sangre sobre un cuaderno que guardo con miedo. No quiero quemarlo, por si pierdo parte de mí. No quiero sacarlo a la luz por si esa parte de mí vuelve a tomar el control.
He dudado como nadie. He temido como todos. Tengo una armadura con mis complejos, no pocos, ocultando mis debilidades. No he sabido querer. No me he sabido querer. He amado. He sido rechazado. He vivido relaciones con ventaja sobre alguien que no sabía de mí. He ofrecido algo que me han quitado y nunca devuelto. No he sido correspondido en el amor. En la amistad.
He perdido familiares, amigos, mascotas, sueños, ideales...
He viajado sin disfrutar. Solo para romperme y vaciarme.
Volver a cortarme. Volver a dañarme.
Y tras tirar y dejar atrás todo lo que era -lo que creía ser-, me he visto con la necesidad de volver a llenarme. De volver a construirme. De tener nuevos objetivos. De volver a pensar en querer. En soñar. En luchar. En dar algo que sé que no me devolverán, pero ofrecerá felicidad.
He querido viajar para romperme.
He querido viajar para así, volver a construirme, de esta manera.
Vestido y bañado de cicatrices.
He creído volar, he creído flotar. No estaba más que ahogándome bajo el agua.
He aprendido a creer y me han enseñado a desconfiar. No creo ni en mis propias promesas.
Lucho por sacar sonrisas, me exploto por ver felices a los demás. Los baños son testigos de mis cicatrices cuando algo sale mal.
He tenido las malas noticias como normalidad. He vivido junto a la muerte como si fuera una más en el grupo de amistad.
Me han roto una vez. Me han roto dos veces. Ha sido evento mensual el romperme. Y siempre llego a tiempo y reparado a un nuevo sacrificio.
Me he tenido que reconstruir de tantos materiales y emociones, que ya no sabía cuál era mi principal apoyo, mi manera de ser ni mi objetivo.
He sido un cristal roto con el que se han cortado. He sido un cristal roto con el que me he cortado. Y he sangrado. Demasiado. He escrito gran parte de mis textos con esa sangre sobre un cuaderno que guardo con miedo. No quiero quemarlo, por si pierdo parte de mí. No quiero sacarlo a la luz por si esa parte de mí vuelve a tomar el control.
He dudado como nadie. He temido como todos. Tengo una armadura con mis complejos, no pocos, ocultando mis debilidades. No he sabido querer. No me he sabido querer. He amado. He sido rechazado. He vivido relaciones con ventaja sobre alguien que no sabía de mí. He ofrecido algo que me han quitado y nunca devuelto. No he sido correspondido en el amor. En la amistad.
He perdido familiares, amigos, mascotas, sueños, ideales...
He viajado sin disfrutar. Solo para romperme y vaciarme.
Volver a cortarme. Volver a dañarme.
Y tras tirar y dejar atrás todo lo que era -lo que creía ser-, me he visto con la necesidad de volver a llenarme. De volver a construirme. De tener nuevos objetivos. De volver a pensar en querer. En soñar. En luchar. En dar algo que sé que no me devolverán, pero ofrecerá felicidad.
He querido viajar para romperme.
He querido viajar para así, volver a construirme, de esta manera.
Vestido y bañado de cicatrices.
2018-08-18
Escribo
Siempre escribí por miedo, por necesidad o por promesas.
Escribí por miedo. Miedo a ser olvidado. Miedo a olvidar. Miedo a no tener a nadie. A tenerlo y perder. Miedo a no ser capaz. Miedo a no saber levantarme. Miedo a no ser comprendido. Miedo a no comprender. Miedo... a no ser querido ni saber querer.
El miedo, una de las sensaciones más naturales. Una reacción hacia lo desconocido. Un intento de protección. Y aun así, acabo en mil pedazos con cada suceso, cada pensamiento, cada sentimiento.
Odié la violencia. Odio las discusiones -que no debates-. Odio que no me den la razón cuando la tengo, al igual que odio no tenerla -aunque admita confundirme-. Odio haberme escondido días, semanas, meses y años de una violencia explícita diaria en forma de rayos de sol. En forma de lluvia. En forma de granizo. En forma de viento que juega a despeinarnos y a jodernos la ropa planchada.
Odio echar de menos a los que no están. A los que están. A los que estando, no están. Odio el pasado. Mi pasado. Odio cómo los recuerdos juegan a intentar desencaminarme.
Escribí por necesidad. Porque "si no escribo, exploto". Porque "si no escribo, siento que nadie me escucha". Porque "escribiendo es la única manera de sentirme leído; por nadie, o por mí". Escribo porque necesito soltar lastre y dejarlo plasmado en páginas digitales o físicas. Dejar mis defectos en un cuaderno o en una página de borradores en un blog cualquiera.
Escribo por necesidad de sentirme querido. Por necesidad de querer. Por necesidad de recordar cada caricia rodeado de velas, de agua, de hierba o un par de sábanas. Porque en mis textos mi sentimiento siempre puede llegar a triunfar y ser correspondido. Porque son historias de amor y desamor hechas a mi medida. Con sus logros y sobre todo -pero ganando con gran ventaja- derrotas y desgracias. Vivo del desamor. Vivo de la imposibilidad de ser querido. Escribo para camuflarlo y aparentar vivir en un ideal de historia de dos, de tres, de uno solo incluso.
Escribo por promesas. Escribo porque prometí hacer eterno todo aquello que lo merece. Escribo porque prometí hacer a alguien poema. Porque prometí no olvidar a alguien que marchó. A alguien que simplemente, dejó de ser compañera de viaje en la vida. Escribo a quien prometí escribir. Escribo para hacer legibles las historias de personas o almas que cambian vidas. Escribo porque hay nombres que nunca querré olvidar y prometo plasmarlos en papel.
Escribo porque me prometí no dejarme nunca.
Escribo porque prometí que el miedo nunca sería necesidad en mis decisiones.
Escribo porque quiero que se escriba.
Escribí por miedo. Miedo a ser olvidado. Miedo a olvidar. Miedo a no tener a nadie. A tenerlo y perder. Miedo a no ser capaz. Miedo a no saber levantarme. Miedo a no ser comprendido. Miedo a no comprender. Miedo... a no ser querido ni saber querer.
El miedo, una de las sensaciones más naturales. Una reacción hacia lo desconocido. Un intento de protección. Y aun así, acabo en mil pedazos con cada suceso, cada pensamiento, cada sentimiento.
Odié la violencia. Odio las discusiones -que no debates-. Odio que no me den la razón cuando la tengo, al igual que odio no tenerla -aunque admita confundirme-. Odio haberme escondido días, semanas, meses y años de una violencia explícita diaria en forma de rayos de sol. En forma de lluvia. En forma de granizo. En forma de viento que juega a despeinarnos y a jodernos la ropa planchada.
Odio echar de menos a los que no están. A los que están. A los que estando, no están. Odio el pasado. Mi pasado. Odio cómo los recuerdos juegan a intentar desencaminarme.
Escribí por necesidad. Porque "si no escribo, exploto". Porque "si no escribo, siento que nadie me escucha". Porque "escribiendo es la única manera de sentirme leído; por nadie, o por mí". Escribo porque necesito soltar lastre y dejarlo plasmado en páginas digitales o físicas. Dejar mis defectos en un cuaderno o en una página de borradores en un blog cualquiera.
Escribo por necesidad de sentirme querido. Por necesidad de querer. Por necesidad de recordar cada caricia rodeado de velas, de agua, de hierba o un par de sábanas. Porque en mis textos mi sentimiento siempre puede llegar a triunfar y ser correspondido. Porque son historias de amor y desamor hechas a mi medida. Con sus logros y sobre todo -pero ganando con gran ventaja- derrotas y desgracias. Vivo del desamor. Vivo de la imposibilidad de ser querido. Escribo para camuflarlo y aparentar vivir en un ideal de historia de dos, de tres, de uno solo incluso.
Escribo por promesas. Escribo porque prometí hacer eterno todo aquello que lo merece. Escribo porque prometí hacer a alguien poema. Porque prometí no olvidar a alguien que marchó. A alguien que simplemente, dejó de ser compañera de viaje en la vida. Escribo a quien prometí escribir. Escribo para hacer legibles las historias de personas o almas que cambian vidas. Escribo porque hay nombres que nunca querré olvidar y prometo plasmarlos en papel.
Escribo porque me prometí no dejarme nunca.
Escribo porque prometí que el miedo nunca sería necesidad en mis decisiones.
Escribo porque quiero que se escriba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)