Espacio repleto de reflexiones, relatos, historias, opiniones...

Textos llenos de pensamientos intensos, de palabras de aliento.

"
Algún lugar hacía falta donde poder expresar todo lo que por dentro uno guarda.
O simplemente opiniones que se retienen en el interior, causando dudas...
A este lugar se le bautizará como el jardín de las opiniones, donde crecen ideas, e incluso se podrán plantar en él sentimientos, que quizás, algún día den su fruto...
"

Éste soy yo, éste es mi ser.

2019-10-06

Feliz cumple-año sobrevivido

Te escribo nuevamente, herido diario, a modo de recordatorio: Sigo vivo.
Otro dos de octubre que ha pasado y otro año que gano la carrera a la muerte. -Joder, qué dramático eres, como de costumbre-. Y es otro año en el que la experiencia en su vuelo me ha invitado a experimentar demasiadas turbulencias. A la décima vuelta de campana y cuando dejé de saber en qué lugares se ubicaban mis pies, caí de nuevo al suelo. Como nuevo punto de partida. Como nueva salida a mis objetivos.

Te iba a escribir con la intención de recordarte fuerte, de hacer memoria por todas las hostias que el suelo -y la vida- te dio y cómo sigues queriendo saltar a ella confiando que la piscina estará llena, aun sabiendo que juegas en seco.

Pero no.
Creo que por un año, merece mirar hacia la luz directamente. Merece sacar la otra parte y observar lo correcto de las jugadas.
Y no vas nada mal.

El paso de varios días tras la fecha me ha hecho poder disfrutar de experiencias que no sé si agradecer o extrañar para volver a repetir, pero me sorprende cómo a cada año que pasa, nuevas personas me hacen sentir en diferentes familias unidas por mismas pasiones. Han aparecido nuevos proyectos, nuevas intenciones y he desechado otros muchos, pero sigo con ganas queriendo sacar a la luz otra parte de mí. Otra explosión de sentimientos sobre páginas. He vivido la traición y el reencuentro. El "no te quiero tanto" y el "quiero no perderte".
Pero lo que más agradezco son los pilares que me mantienen, junto a las experiencias que vivo.
Amigos que me aguantan -y es algo realmente jodido-. Con los que aparecen nuevas historias. Creadores que admiro, y a su vez, me dicen que me admiran. Es una retroalimentación positiva de pasiones en las que su trabajo se ve compensado con el mío -y eso que solo es apoyo, humor, ánimos... chistes o estupideces constantes-.
Ha llegado un amor poético. Alguien a quien quiero. Alguien con quien la poesía fluye, con quien llené y llenaré páginas y páginas de textos y poemas. Un mar en unos ojos que en los atardeceres brillan más. Una perseverancia e ilusión que llegaron del norte para marcar las coordenadas de las intenciones de un futuro. No sabes lo que cambia el mundo cuando te hacen mirarlo apreciándolo.
He tenido los mejores regalos convertidos en conversaciones de cama y móvil, en los que las horas pasaban y el sueño tomaba segundo plano. Conversaciones que te desnudan. Sexo que te hace bailar. Pasión que no te deja dormir.

Es un año en el que sin hacer nada, logro tener joyas en mi vida. Joyas con ojos y boca que me miran y sonríen como si me vieran capaz de hacer lo que me propusiera.

Creo que tengo que darles un punto de confianza.
O una razón para no marchar.

Escribiré, porque merecen seguir en mis recuerdos.

Feliz cumple-año sobrevivido. Feliz año nuevo por vivir.
Nos leemos -y escribimos- el año que viene.
No me hagas arrepentirme de tener fe en ti, en mí.

2019-09-02

Fantasía

Me dicen que estoy enamorado -¡menuda locura!- y que vivo en un mundo de fantasía.
Bueno, la verdad es que ante eso último... solo puedo admitir que desde que le conozco, la fantasía es uno de mis géneros favoritos. Y las fantasías, el lugar en el que habitúo junto a ella.

"Joder, prometiste que no volverías a hablar de..." ¡Pero es imposible! No sé cómo el mar de su mirada inunda cada sueño que tengo y sus gemidos mecen el descanso en el que me veo sometido cuando la luna más alta observa cómo un charco de quizás, ojalá y deseos separa nuestras ganas.
El vestido de lunares con el que juega a ser quien más provoca y el oro de sus cabellos brillan en mis recuerdos y en los misterios del abrir los ojos y encontrarle. Mirarle -y qué manera de perderme en el tiempo; de parar las agujas cuando duerme a mi lado- y no saber quién de los dos está soñando realmente. Saber que el mar en las sábanas vino tras una discusión por decidir qué color elegir en los dibujos de nuestros cuentos. Esos en los que -odio que cualquiera lo haga, pero ella me pudo- con las historias de su pasado logró crear un personaje en mi futuro.

"¿Qué habíamos dicho de hablar de los sentimientos? ¿No juraste no volver a volar ni dejarte llevar por la corriente?" Quiero flotar. Quiero volar y viajar atrás en el tiempo. A las oscuras playas de su paraíso y de caer. Aterrizar de emergencia sin primeros ni últimos auxilios. Dejarme llevar y que su brisa sea lo más corriente que respire. Quiero volar, sin importarme lo que deje en la tierra, a su norte. A sus raíces y a su desnudez. En nuestra naturaleza. Entre árboles y arenas en los que la ropa sobra y en los que -sin tener las prendas nada que ver- nos sentiremos realmente desnudos, frágiles y humanos.
O animales, si los cuerpos lo exigen.
Pero seremos.

No escribo fantasía -aunque desde que la conozco, es algo que me encanta experimentar-, pero cada vez que es protagonista en mis noches, escribo algo nuevo.
Nuestros buenos días se resumen en poemas y en sentimientos explotados.
Nuestras buenas noches, en deseos y sexos encontrados.
Las ganas de probarnos son los desayunos que, junto a un café, abren el apetito de nuestros cuerpos.

Enamorado, me dicen.
Que deje la historia seguir, me dicen.
Que no juegue unas cartas de las que me pueda arrepentir.

Pero esta fantasía, la escribo yo.
Ella tiene nombre en esta portada y cuerpo en cada texto.

Me juré no hablar más de ella. O al menos, intentar ocultarla. Pero cada vez que la pienso, su bandeja de entrada recibe varias líneas de mi corazón expuesto.
Y ese corazón... explota. Manchando mis paredes de sus gritos y jadeos. Y haciendo que vean en mi... -no lo digas, joder; que no es así...- quizás...

¿Un enamorado?

Quiero volar.
Estrellarme.
Arriesgarme.
Disfrutar...

VIVIR.

2019-08-27

"¿Por qué escribes?"

[...]
"¿Por qué escribes?" me han solido preguntar en muchas ocasiones mientras presentaba el libro, mientras tomaba un café, mientras redactaba cualquier texto... Es algo que creo no haberme planteado ni yo. No he parado a pensar razones, simplemente, llegaba algo que necesitaba y me sentaba frente a mi ordenador a dejar que las palabras fluyeran sobre el borrador de lo que -en contadas ocasiones- podía ser una publicación de este blog, un texto que pudiera entrar en alguno de los libros o -cuando tenía valor- una carta a alguien.

Entonces me volvió a lanzar la pregunta con ojos de quien mira algo por primera vez, expectante de -como me han solido decir- una respuesta original o profunda, abierta, que le hiciera pensar:

- ¿Por qué escribes?

Nunca me costó tanto dar una respuesta o pensarme algo original, improvisado o satírico para quitar peso a todo, como acostumbro a hacer.

- ¿Por qué escribo?

Siento que no me conozco ni yo. Siento que estoy descubriéndome a la vez que contesto y aun así, sigo sin saber si soy yo. Pero nunca tuve problemas en ser transparente. Soy como soy por lo que he vivido y viviré:

- Más que por qué escribo, -me paro a pensar en cómo seguir mientras cojo aire- te diré cómo empecé a escribir. Siempre fui considerado o llamado lobo solitario. Siempre, aunque con muchos amigos, fui alguien que le gustaba ir de lado a lado. De grupo en grupo. Viviendo nuevas experiencias, conociendo a nuevas personas, abarcando todas las pasiones que tenía. Pero como si fueran vidas independientes en cada una de ellas. Por eso, no tuve quien me escuchara cuando estaba roto. No tenía con quién hablar de lo que sentía... aunque... tampoco es que yo sea muy propenso a hablar de lo que siento... -susurro al café que tenía en mis manos.
- Empecé a escribir, como describieron en una entrevista que me hicieron, "de manera terapéutica".
Era yo, contándole mis pensamientos y expresando mis sentimientos a un papel. Papel con destinatario en ocasiones, guardados en un cajón en muchas otras. Pero, al fin y al cabo, con todo lo que sentía. Seguí escribiendo, esta vez publicándolo en un blog, y así comenzaron a llegarme mensajes diciendo que por muy personal que fuera el texto, sentían lo mismo. Que también se sintieron rotos. Que también sintieron miedo, tristeza, pasión, rabia, ira, arrepentimiento... solo que no tenían el valor de plasmarlo. Me dijeron que era el altavoz que necesitaban para gritar auxilio, o, en varias ocasiones, era el texto y la reflexión que necesitaban para conseguir ordenar su mente.

No me esperé nunca que lo que yo sentía o vivía, podría llegar a ayudar a nadie y me demostraron que lo hacía. Cada vez más mensajes, agradecimientos... me daba vértigo y miedo el sentir que era, en parte, responsable o causa de muchas reflexiones, decisiones y, sobre todo, sonrisas de alivio.
Eso me incitó a querer seguir frente al teclado.

Hubo tiempo en el que no escribía, no sentía nada. No sentía que tuviera nada que decir. De hecho -vuelvo a bajar la cabeza- estuve a punto de dejarlo. No me sentí realizado casi nunca. Pero algo me empujaba a querer seguir haciéndolo. Entonces llegaron nuevas experiencias, nuevas pasiones, nuevos sexos vividos, nuevas canciones cantadas con nuevas voces... y el teclado (y mis ganas de gritar) me llamaban. Cuanto más contaba lo que sentía, más me escribían diciendo que también lo hacían.
Digamos que... en el escribir sentía conexión con la gente. Con cualquier persona que se parara a leerme.

Escribiendo, logré ser alguien -siendo un don nadie- entre gente virtuosa, entre gente extraordinaria. Siempre los había mejores, pero el hecho de escribir hacía que en ocasiones, llegara a los labios de aquellas a quien me vi imposible llegar. Creo, que también escribía por sentirme querido. Por sentir que podía llegar a ser amado, a tener a alguien a quien darle las buenas noches.

"Por qué escribes" me has preguntado.
Creo, que en realidad, escribo para no estar solo. Sea conmigo. Sea con quien me lee o con aquella persona que quiere que le lea lo que tengo en el corazón... una vez escribo, mínimo somos dos. El sentimiento plasmado y yo. Escribo por ser un lobo solitario en una manada que sin estar, le acompaña.

Porque escribiendo, consigo querer. Consigo amar. Consigo odiar. Consigo pedir perdón.
Quizás lo consigo mucho antes de escribirlo, pero solo así siento que puedo expresarlo y exteriorizarlo.

Escribo para abrirme. Para enseñar lo roto que puedo estar, las veces que me puedo levantar y rehacerme y para demostrar que, aunque no me atreva mucho a hablarlo ni a decirlo, siempre agradezco a quien me quiere escuchar -en este caso, leer- con cada experiencia. Por ejemplo, ahora, tú, que estás frente a mí mientras tomamos este café.

[...]

2019-03-21

Hoy es poesía

Hoy no te prometo mucho, pero te prometo estar.
No aseguro que vaya a lograr transmitirte lo que lograba hacer hace tiempo, pero nunca he querido dejarte.
Te sigo viendo y ni siquiera nos miramos.
No sé si quieres saber de mí, no sé si piensas que fui solo otro mal intento de conquista que no supo adaptarse bien a cada punto y coma que tenías -te prometo que lo hice lo mejor que pude y di todo de mí- en tu cuerpo.
Llevo tiempo viéndome perdido. Dejándote de lado. No teniendo el valor ni siquiera de nombrarte. Y eso que te llevo a cada lado y te guardo cerca.
Aún tengo cada momento que me brindaste en la cartera guardado, cada sentimiento en las fotos que teníamos. Y ni teniéndote tan presente sé cómo darte el reconocimiento que mereces.

Ahora vivo sin pasado ni futuro. Simplemente me dejo llevar. Sobrevivo al día a día. Pero te sigo viendo y me sigues dando vida.
Recuerdo que me hiciste abrir los ojos hace más de cuatro años, dejándome bloqueado en medio de una conversación en la que todo se paró y pude mirar más allá.

Vi cada flor bailar con el viento. Vi la inocencia y curiosidad en los ojos de los niños. Vi la unión en una familia que se apoya. Vi el trabajo en equipo en grupos que se acompañan.

Y hoy, he querido mirar con aquellos ojos aunque fuera solo un rato. Aunque fuera solo en recuerdos.

He recordado los abrazos interminables de encuentros en estaciones de autobuses. Los besos de despedida bañados con las saladas lágrimas que se auto-invitaban a una fiesta entre labios. Los acordes llenando una habitación junto a una voz que agonizando tristeza quería llegar hasta el final, Con las ganas. He tenido presente las escapadas matutinas a los hoteles intentando exprimir el tiempo hasta echarnos. Las noches en vela, entre velas, con ropa y sin ella y los te quiero bailando entre sudores de dos cuerpos entregados a quererse. He visto un público entregarse y cantar al unísono lo que necesitabas que te dijeran. He visto segundas voces haciendo de primeras y coros sonando por encima de la principal melodía.

He visto páginas llenas nuevamente.
He visto otros tres libros pendientes del valor para ser publicados, guardados en mis discos duros.
He visto varias canciones nombradas Boceto por mucho que estuvieran casi terminadas, esperando una voz adecuada que las haga brillar.

He visto cómo compañeras de vida, se auto-proclamaban inspiración, simplemente para verme hacer Poesía. Porque hoy se supone que es su día y pide odas que le hagan resurgir.

Creedme cuando os digo que esa poesía la veo en cada momento, en cada café, en cada conversación y cada libro prestado.

Porque la poesía la tenemos en nosotros.
Solo nos queda inmortalizarla escribiéndola, abrazándola o expresándola a los demás.

2018-12-18

Uno más, una menos.

Diez y media de la mañana, joder, vuelvo a levantarme tarde.
Siempre me pasa lo mismo cada vez que tengo un plan o quedo con alguien. Me confío demasiado y pienso que me va a dar tiempo a todo y más. Me quedo un poco con el teléfono en la cama. Vuelvo a dormirme. Me despierto a los veinte minutos. "Ya espabilarás" me digo semi-indignado conmigo mismo, "siempre te pasa igual. Eres de lo que no hay. Ahora tendrás el baño ocupado. Te encontrarás la cafetera vacía y vas a perder tiempo de más en hacer lo que podría estar hecho".
Necio confiado.

No pasa nada. Tengo la habilidad de ahorrarme el peinarme en forma de coleta o pelo recogido y la ducha rápida ya la tengo calculada con tiempos cada vez mejores. Tengo suerte de encontrarme la cafetera llena y parece que hoy el tiempo amanece -o ha amanecido, en mi tardío caso- despejado. Parece que el yang del yin muestra sus cartas.
Le escribo un par de mensajes. "Qué ganas tengo de verte. Llevábamos tanto tiempo... Parece que se mantendrá buen tiempo. ¿Te apetece el plan de paseo por la costa?". No contesta en diez, quince, veinte minutos. Nada, ella también se habrá quedado dormida. Al fin y al cabo, vive en plena ciudad, estando aquí por trabajo, y tarda tres cuartos de hora menos que yo en llegar. Todo correcto. Al fin y al cabo, todos nos podemos quedar dormidos, ¿no?

Estoy en el tren. Qué ganas. Hacía tiempo que no me ponía nervioso por el simple hecho de ver a alguien con quien había quedado -odio ese pretérito pluscuamperfecto, pretérito de suposición; forma verbal de lo que hice y no se sabe si fue-.
Me vi esperando en su parada minutos. Horas. "¿Qué cojones le habrá pasado? No acostumbra a tardar. Con lo organizada que es ella. Con lo estricta que es con su dieta, entrenamiento, horario... es extraño". Le escribo. Sigue sin contestar.

Me preocupa.
Miro sus redes sociales.
"Hoy es un bonito día. Hoy va a ser un bonito día. Toca salir a correr y despejarse." es su última publicación.
Rutina deportiva. ¡Qué típico en ella! Al final, estaba más en forma que yo -o al menos se esforzaba más por cuidarse, que lo mío era un caso perdido-. Pero no había ninguna otra señal.
Sigo mirando a mi alrededor esperando verle cruzar cualquier esquina.
Tres horas han pasado y me doy por vencido. Vuelvo a casa.

De camino, recibo una llamada. "¡Al fin se dispone a darme noticias suyas!" pienso, mientras saco el móvil. Veo un número desconocido. Extraño que me llame alguien en fin de semana, pero bueno, no tenía otra cosa que hacer en un viaje de tantos minutos de vuelta a casa.

Silencio...

Silencio...

Vamos a más de 80 kilómetros por hora y siento que el mundo se ha parado. Dejo de escuchar todo lo que me rodea. Dejo de escuchar hasta la voz que me habla entre llantos al auricular.
"¡Es ella, joder! ¡No puede ser! ¡Tío, es ella!". Repito sus palabras. No puede ser.

Solo salió a correr. Solo salió a ver una mañana bañada por los poco característicos rayos de sol de esta zona y esos mismos rayos, no la verán anochecer. Se ha acabado.
Nadie dio protagonismo en esta historia a un puto desalmado que decidió que su interés era mayor que cualquier vida ajena.

Un monstruo más,
una inocente menos.

Llego a casa con pasos lastrados, gastando la poca suela que me queda en estas viejas pero elegantes zapatillas que me puse para el momento. Momento que quedó en un plan que no fue.
No ceno, no bebo, no me quiero ni cambiar.
Nada de esto está pasando.
Puede ser una mierda de pesadilla, al final, todos nos podemos quedar dormidos, ¿no?

Me meto en la cama.
Quiero dormir. Que todo sea un sueño. Despertar. Que nada sea real.
Pero me duele saberlo.

Yo dormiré. Y aunque me quede dormido, despertaré viendo que mientras nadie cree en lo que tantas gritan, otros putos desalmados aprovechan para hacer lo que quieren en una tierra donde su creída superioridad les da derecho a hacer lo que quieran con total libertad. Pensé que todo esto solo eran noticias y culpas ajenas, que eran extremos.
Ella no lo era.
Ella no lo merecía.
Ninguna que sale en esas noticias lo merecía.

Y sin embargo, no se quedarán dormidas para un siguiente amanecer.

Porque esto está plagado de bestias, de inhumanidad, de hombres que merecen lo peor.
Y a su vez, de inocentes mujeres que acaban viviéndolo.

Fue uno más
y una menos.

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Para todas las que quedaron sin voz, 
para todas las que no podrán defenderse.
Seremos vuestra palabra. Seremos vuestra justicia.
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Necesitamos un cambio.
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Desde el escritorio,
entre teclados y noticias,
con la rabia en el corazón.