Bendito o maldito el día en el que la conocí.
Envuelta en colores desaturados, con el marrón otoñal cubriendo cada paso que daba, mirando al sueño contando las baldosas que pisaba, muchas de ellas rotas como sentía ella su interior.
La chica de la mirada perdida, de los sueños caídos y cortinas rasgadas. La chica de la almohada bañada en lágrimas y esperanzas en añicos hundidas en papeleras.
No había luz que le hiciera sombra, el oscuro pasado la encerró en rincones de su habitación que nadie conocía. Era un mundo no descubierto, era una persona desconocida para todos. Nadie sabía de ella, nadie conocía su historia. Pero ahí apareció, breve cual golondrina en la ausencia de verano, bajo la ventana, marchando en busca de un calor perdido en otros paisajes.
Cambiaba de color de pelo habitualmente, intentando encontrar la salida a su monotonía, alternando caminos entre calles, y probando diferentes cigarros a la hora de pararse a pensar en qué le depararía el nuevo, pero a su vez repetido día.
Pocas veces aceptaba ayuda, pocas veces pedía compañía y siempre le extrañaba la idea de que alguien quisiera estar junto a ella para vivir aventuras, para saltar a un nuevo capítulo con posibilidad de sacar sonrisas. Esas que poco comunes eran en su vida y que tenía inmortalizadas en una fotografía colgada en su pared, como un recuerdo imposible de revivir.
Si se viera con mis ojos, recuperaría las ganas de luchar por ella. Comprendería todo el sacrificio que estaría dispuesto a realizar si con ello consiguiera verla libre, volando hacia el lugar donde sintiera calor en su interior y no fueran solo grietas sobre su helado pecho.
Si tan siquiera quisiera luchar...
Si tan siquiera quisiera intentarlo...
La chica de los ojos tristes, que siempre intenté que fuera la chica de los brillantes ojos color dorado.
Los ojos que sin decir nada y queriéndote lejos, pedían ayuda.
Espacio repleto de reflexiones, relatos, historias, opiniones...
Textos llenos de pensamientos intensos, de palabras de aliento.
O simplemente opiniones que se retienen en el interior, causando dudas...
A este lugar se le bautizará como el jardín de las opiniones, donde crecen ideas, e incluso se podrán plantar en él sentimientos, que quizás, algún día den su fruto..."
Éste soy yo, éste es mi ser.
2016-09-21
2016-09-09
Entre lunas y estrellas
"Y paras a recordar, y paras a pensar, y paras a imaginar...
¿No os ha pasado el querer expulsar todo y no encontrar manera? El comenzar a sacar y plasmar palabras y de golpe, quedarte en blanco. Por algo, por alguien. No saber cómo decir aun teniendo cientos de palabras a las que recurrir.
Recuerdas el tropezar con tus pensamientos por esquivar sentimientos. Recuerdas caídas en oscuras situaciones que tú mismo creaste.
Pensando las veces que las estrellas se rieron de ti al verte solo entre flores que ocupaban el lugar donde debía ir tu mitad. Cómo despertabas acompañado, pero nunca por un cuerpo sino por la fiesta que formó el alcohol en tu habitación al conocer la pena del fracaso. De cómo cada noche su figura empañaba la luna, y nunca era la del coche.
Si supiera las veces que la alfombra me contó que echaba de menos el tacto de su espalda, las veces en las que el espejo extrañaba cada curva que su cuerpo producía al quitarse la ropa.
El objetivo de la cámara tenía contados los lunares de su espalda, aquellos que con la yema de los dedos recorrí, dibujando un sinfín de sueños, rotos al amanecer cuando el cuerpo desaparecía.
Aunque no la veas, aunque esa figura se aleje de ti, sabes que sin su existencia no podrías vivir. El mundo comenzó a girar entorno a la intensidad de sus ojos tristes, de su falta de sueño, de su falta de sueños... Las estrellas arropaban su cama, a falta de luz, a falta de ilusión.
No está, pero a su vez forma parte de tu día a día, sigue guiando la dirección de tus acciones.
En qué momento pensé que dejó de ser, que dejé de ser con ella.
No olvido, no me ausento, no me separo... simplemente, vivo teniéndote en mi mente, en mis canciones, en mis poemas, entre mis líneas y mis sueños.
Quisiera abrazarte cada mañana, pero temiendo que sin despertarme, te levantaras y marcharas nuevamente entre las lunas y estrellas..."
¿No os ha pasado el querer expulsar todo y no encontrar manera? El comenzar a sacar y plasmar palabras y de golpe, quedarte en blanco. Por algo, por alguien. No saber cómo decir aun teniendo cientos de palabras a las que recurrir.
Recuerdas el tropezar con tus pensamientos por esquivar sentimientos. Recuerdas caídas en oscuras situaciones que tú mismo creaste.
Pensando las veces que las estrellas se rieron de ti al verte solo entre flores que ocupaban el lugar donde debía ir tu mitad. Cómo despertabas acompañado, pero nunca por un cuerpo sino por la fiesta que formó el alcohol en tu habitación al conocer la pena del fracaso. De cómo cada noche su figura empañaba la luna, y nunca era la del coche.
Si supiera las veces que la alfombra me contó que echaba de menos el tacto de su espalda, las veces en las que el espejo extrañaba cada curva que su cuerpo producía al quitarse la ropa.
El objetivo de la cámara tenía contados los lunares de su espalda, aquellos que con la yema de los dedos recorrí, dibujando un sinfín de sueños, rotos al amanecer cuando el cuerpo desaparecía.
Aunque no la veas, aunque esa figura se aleje de ti, sabes que sin su existencia no podrías vivir. El mundo comenzó a girar entorno a la intensidad de sus ojos tristes, de su falta de sueño, de su falta de sueños... Las estrellas arropaban su cama, a falta de luz, a falta de ilusión.
No está, pero a su vez forma parte de tu día a día, sigue guiando la dirección de tus acciones.
En qué momento pensé que dejó de ser, que dejé de ser con ella.
No olvido, no me ausento, no me separo... simplemente, vivo teniéndote en mi mente, en mis canciones, en mis poemas, entre mis líneas y mis sueños.
Quisiera abrazarte cada mañana, pero temiendo que sin despertarme, te levantaras y marcharas nuevamente entre las lunas y estrellas..."
2016-08-21
Esencias perdidas
¿Sabes ese momento en el que lo das todo pero falta algo?
¿Sabes de esa sensación de no saber lo que realmente quieres?
¿Sabes el cómo alguien puede ser feliz pero hay algo que no le deja decirlo o creérselo?
Desde pequeños moviéndonos por sueños, por ganas y por fuerzas inexplicables para poder ser felices. Queriendo llegar a lo más alto, sin ponerse una meta fija.
Como dijo Miguel Ángel Buonarroti: "El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado baja y la consigamos." Y siento a veces, que muchos peligros, por mucho que son advertidos, son imposibles de evitar.
Vidas plenas, llenas de energías, con muchas medallas de las que enorgullecerse, pero aun así falta algo que haga que realmente sientas que todo ha merecido la pena. ¿Un reconocimiento? ¿Un detalle? ¿Una palabra? ¿Una esencia?
Esa ausencia desconocida que te impide sentirte completo y consigue que te hagas cada día más y más pequeño, con menos fuerza, con menos ganas de seguir luchando.
Cada pequeña caída te parece la más grande, ves imposible el levantarte, sientes que ya pocas cosas lograrán hacerte sentir completo, pues crees que no queda nada que te haga recuperar la ilusión por la entrega.
Una compañía, unas palabras, o simplemente, un abrazo es el que buscas entre las páginas del pasado para intentar que hagan recuperar la ilusión, la fuerza, las ganas...
¿Qué es lo que realmente falta? ¿Qué es lo que realmente buscas? Si resulta que estás dando vueltas en círculo sin saber por dónde salir o por dónde empezar. Buscas lo invisible, buscas lo desconocido, buscas algo que no aparece ni asoma.
¿En qué momento perdiste la esencia por el luchar y descubrir? ¿En qué momento olvidaste ser feliz?
2016-08-02
Destrozar
Destrozar, me gusta destrozar todo.
Destrozar papeles mientras hablo, destrozar la hierba en ella sentado.
Destrozar la idea que tienen de mí actuando completamente diferente, destrozar las ideas que tengo del día a día improvisando los planes.
Destrozar mis sueños haciéndolos realidad, o tirándolos a la basura.
Destrozar los monstruos que atormentan a los demás, invitándolos a pasar en mis noches por mi cabeza.
Destrozar mi reputación con tal de no dañar a otra persona.
Destrozar mi fe en mí mismo al saber que hago el idiota en ocasiones por no seguir mis ideales con tal de conseguir salvar a alguien.
Destrozarme por dentro al tener que dañar para curar. Al saber que es más fácil hacer que te olviden por gilipollas que por alguien que intentó y no pudo.
Destrozar cada carta que escribo por saber que no tendrá receptor.
Destrozar las plumas que no me hacen escribir más que de lo que ya tengo roto, de lo que no puedo hacer y de lo que perdí...
Destrocé varios recuerdos, y ahora me veo incapaz de reconstruir unos nuevos.
Destrocé mi sonrisa por camuflar el dolor, y las cicatrices llegaron más adentro de lo previsto.
Acabé destrozando todo lo que tengo, todo lo que hago... por no saber dedicar un momento de mi vida a lo que nunca podría destrozar...
Pensé que destrozando todo lo que rodeaba, evitaría cualquier peligro para conseguir que se mantuviera vivo, que se mantuviera feliz, que se mantuviera lúcido aquello mismo que por no dedicarle tiempo, acabó destrozado.
Me destrocé, para acabar siendo destrozado por el vacío.
Destrozar papeles mientras hablo, destrozar la hierba en ella sentado.
Destrozar la idea que tienen de mí actuando completamente diferente, destrozar las ideas que tengo del día a día improvisando los planes.
Destrozar mis sueños haciéndolos realidad, o tirándolos a la basura.
Destrozar los monstruos que atormentan a los demás, invitándolos a pasar en mis noches por mi cabeza.
Destrozar mi reputación con tal de no dañar a otra persona.
Destrozar mi fe en mí mismo al saber que hago el idiota en ocasiones por no seguir mis ideales con tal de conseguir salvar a alguien.
Destrozarme por dentro al tener que dañar para curar. Al saber que es más fácil hacer que te olviden por gilipollas que por alguien que intentó y no pudo.
Destrozar cada carta que escribo por saber que no tendrá receptor.
Destrozar las plumas que no me hacen escribir más que de lo que ya tengo roto, de lo que no puedo hacer y de lo que perdí...
Destrocé varios recuerdos, y ahora me veo incapaz de reconstruir unos nuevos.
Destrocé mi sonrisa por camuflar el dolor, y las cicatrices llegaron más adentro de lo previsto.
Acabé destrozando todo lo que tengo, todo lo que hago... por no saber dedicar un momento de mi vida a lo que nunca podría destrozar...
Pensé que destrozando todo lo que rodeaba, evitaría cualquier peligro para conseguir que se mantuviera vivo, que se mantuviera feliz, que se mantuviera lúcido aquello mismo que por no dedicarle tiempo, acabó destrozado.
Me destrocé, para acabar siendo destrozado por el vacío.
2016-06-08
Seguramente no recuerdes nada
Harto de las mil vueltas que dan mis palabras alrededor de tu nombre, bailando entre tus vocales y nombrando las consonantes.
Cansado de pensar que volvería a encontrarte, en la misma parada de siempre esperando mi llegada.
Se fue, simplemente, ese pasado marchó.
Se fueron las tardes bailando el recital de aquel coro de los niños que éramos cuando juntos disfrutábamos del juego de aguantar serios, consiguiendo la sonrisa ajena entre cosquillas terminadas en abrazos.
El cielo que bajaba a tus caderas mientras besaba tus labios abrazado entre tus piernas, haciendo sudar la tensión. Cuando el viento no tenía valor de entrar en nuestra habitación y se sentía ruborizado del reflejo de tu mirada perdida, en el infinito de ese techo que nos miraba envidioso.
El sexo que se escondía el el rojizo de tus mejillas y el mayor placer era simplemente verte sonreír.
Aquella mínima distancia entre nuestros cuerpos ahora es infinita, entre muros de historias perdidas y conversaciones con monosílabos. Las tardes dedicadas a conocerte, a saber de ti, terminaron siendo un inútil intento de reconocer la verdadera belleza ahora desconocida en una persona que al cruzarse, no logra reconocer los ojos que recorrieron su cuerpo, haciéndola eterna...
Llegaste a ser la musa que inspiró unas líneas hoy perdidas en paredes, clavadas en un difuso recuerdo.
Pienso en pedir perdón por no saber saborear aquel último beso, pensando que sería la continuación de otro capítulo en la vida que compartían dos vidas que pensaban hacer de la noche el amanecer del sol calentando una pasión dentro de una habitación, entre velas que alumbraban cada curva de tu cuerpo.
Seguramente ahora estés diciendo al oído de un nuevo compañero aquellas palabras que me recitabas, pienso en el mismo momento en el que una foto me pregunta por ti. Seguramente ahora arriesgas tus tardes en pos de otros, cuando por mi parte el mayor sacrificio fue quererte.
Seguramente no recuerdes nada de lo que te recité con el corazón entre manos, seguramente no pienses en la continuación de la historia. Pero aquí me encuentro, rompiendo la página en la que apareces, queriendo superar un pasado, mientras la doblo y la guardo en el bolsillo de la camisa, junto al corazón que marchó.
Porque mientras no estés, mientras no vuelvas... mi persona seguirá ausente.
Cansado de pensar que volvería a encontrarte, en la misma parada de siempre esperando mi llegada.
Se fue, simplemente, ese pasado marchó.
Se fueron las tardes bailando el recital de aquel coro de los niños que éramos cuando juntos disfrutábamos del juego de aguantar serios, consiguiendo la sonrisa ajena entre cosquillas terminadas en abrazos.
El cielo que bajaba a tus caderas mientras besaba tus labios abrazado entre tus piernas, haciendo sudar la tensión. Cuando el viento no tenía valor de entrar en nuestra habitación y se sentía ruborizado del reflejo de tu mirada perdida, en el infinito de ese techo que nos miraba envidioso.
El sexo que se escondía el el rojizo de tus mejillas y el mayor placer era simplemente verte sonreír.
Aquella mínima distancia entre nuestros cuerpos ahora es infinita, entre muros de historias perdidas y conversaciones con monosílabos. Las tardes dedicadas a conocerte, a saber de ti, terminaron siendo un inútil intento de reconocer la verdadera belleza ahora desconocida en una persona que al cruzarse, no logra reconocer los ojos que recorrieron su cuerpo, haciéndola eterna...
Llegaste a ser la musa que inspiró unas líneas hoy perdidas en paredes, clavadas en un difuso recuerdo.
Pienso en pedir perdón por no saber saborear aquel último beso, pensando que sería la continuación de otro capítulo en la vida que compartían dos vidas que pensaban hacer de la noche el amanecer del sol calentando una pasión dentro de una habitación, entre velas que alumbraban cada curva de tu cuerpo.
Seguramente ahora estés diciendo al oído de un nuevo compañero aquellas palabras que me recitabas, pienso en el mismo momento en el que una foto me pregunta por ti. Seguramente ahora arriesgas tus tardes en pos de otros, cuando por mi parte el mayor sacrificio fue quererte.
Seguramente no recuerdes nada de lo que te recité con el corazón entre manos, seguramente no pienses en la continuación de la historia. Pero aquí me encuentro, rompiendo la página en la que apareces, queriendo superar un pasado, mientras la doblo y la guardo en el bolsillo de la camisa, junto al corazón que marchó.
Porque mientras no estés, mientras no vuelvas... mi persona seguirá ausente.
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